Con el sol pegando fuerte, en medio del azul intenso y brillante, se adivinan las naves de la Invencible. Si te fijas, hasta se ve brillar la insignia del almirante Nelson. Aquella que supuso su sentencia de muerte. El faro, en tanto no anochece, sólo sirve para soñar. Una vez exprimido Lorenzo, una vez empieza a agotarse, el otro sol, el giratorio y artificial, comienza a realizar su labor de guía. Y entre lonas de jaima y acantilados, ron y hierbabuena, nos despedimos de los Caños. Hasta mañana. Que hay que cerrar el verano a lo grande.
6 comentarios
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Envidia muy cochina me estás dando...
:p
los caños....
niiñaaa dulce niiiiiiiñaaaa. niña abreeeee los oooojos por favoo oo ooooó
no?
Supongo que alguna relación habrá...
Siempre me han fascinado los faros. Por su estampa y situación más que por su luz. Prefiero verlos de día, como en la foto.
Salud.
yo no es envidia, es odio directamente...que suerte!!!!!!!!! despídete del verano por mí, que casi ni lo he olido jajaja
"Entre lonas de jaima y acantilados, ron y hierbabuena...". Así uno se despide de lo que haga falta.